Transcurridos nueve meses del primer año de la era AMLO, un balance preliminar arroja que ciertos aspectos de la economía siguen mostrando un desempeño bueno o aceptable, aunque en la generalidad el sesgo es negativo. Es decir, hay “activos” y “pasivos” de lo hecho hasta ahora.

ACTIVOS:  Por un lado, la inflación sigue mostrando muy buenos resultados, con una tasa de 2.99% anual en la primera quincena de septiembre, mientras que el tipo de cambio y el riesgo país se mantienen relativamente estables, aunque en los días recientes se han presionado un tanto. Las finanzas públicas se mantienen en orden y en línea con la meta del gobierno, de lograr un superávit primario de 1.0% del PIB para este año, mientras que los niveles de la deuda pública indican que se cumpliría la meta oficial de no aumentar la deuda en estos años. El desempleo se mantiene en mínimos en muchos años, sólo con alzas marginales en los meses recientes. El crédito, aunque se ha moderado un tanto, mantiene un ritmo aceptable de 4.5% real anual en lo que va del año, con una cartera vencida que se sostiene en niveles muy bajos (2.0% en agosto). Aunque con cierta volatilidad, las exportaciones han crecido alrededor de 4.0% anual durante enero-agosto, una tasa aceptable en condiciones de la desaceleración mundial. Las reservas internacionales siguen al alza, con una entrada aceptable de inversión extranjera y un nivel manejable del desequilibrio externo (déficit en cuenta corriente).

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PASIVOS:  Sin embargo, el gran “pasivo” de la actual administración tiene que ver con el crecimiento de la economía, cuyo PIB se mantiene literalmente estancado (0.1% anual durante enero-julio). En particular, destaca el mal desempeño de la minería y la construcción, además de algunos segmentos manufactureros como el de vehículos, que ahora reportan caídas significativas. Lo más destacado en este terreno de los “pasivos” es la fuerte caída que sucesivamente observa la inversión, con -7.4% anual en junio, condición que afecta significativamente a la economía en su conjunto. Junto a la inversión, el consumo privado tiende al estancamiento, afectado por una fuerte contracción en la generación de nuevos empleos formales (-54% anual en agosto). En su comparación anual, los precios del petróleo cayeron casi 30% en septiembre, aunque esto también ha significado un fuerte baja en la importación de gasolinas. El gasto público se contrajo 4.0% real anual en enero-agosto, donde el peor número de las finanzas públicas es el desplome de 15.2% real en la inversión física pública, lo que afecta a la inversión privada y a la economía general. La encuesta de Banxico señala que los analistas ven con poco optimismo el crecimiento para éste y el año entrante: el PIB crecería sólo 0.43% en 2019 y también se reduce el esperado para 2020 a 1.3%, ajustándose ambos pronósticos a la baja mes a mes y de manera significativa. Finalmente, las importaciones reportan ahora ajustes a la baja, lo que revela los efectos del estancamiento de la economía.

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El balance económico tiene cierto sesgo negativo en lo que va del año. Tal como lo anticipamos desde fines del año pasado, el actual entorno económico está siendo más complejo que el inicialmente previsto y las expectativas no son aún muy buenas. El gobierno decidió reducir el gasto en 2019 y propone un aumento marginal de apenas 0.9% real en 2020, lo que no contribuye a la reactivación de la economía, cuyo PIB creemos que podría crecer sólo 0.9% en 2020 (el gobierno estima 2.0%). Mientras no repunte la inversión, es muy difícil que la economía crezca a buenas tasas. No es con subsidios (programas socio electorales) como la economía va a crecer.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

 

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.