Desde hace muchos años, y más puntualmente desde 1990, las finanzas públicas del país se han mantenido en orden y es algo que hay que valorar. Así como México ha logrado cierta estabilidad de los precios o de la inflación desde fines de los años noventa, también ha logrado cierto orden en las finanzas públicas y en la misma deuda pública. Sólo como referencia histórica, hay que señalar que en los años ochenta, México experimentaba enormes déficits fiscales que se habían gestado desde la década previa, cuando los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo incurrieron en un descontrol de la deuda pública. Parte de esta deuda se explicaba por la necesidad de financiar las operaciones derivadas del descubrimiento del complejo de Cantarell, el mayor yacimiento petrolero del país en esa época. Pero, además, en los inicios de los ochenta coincidió que las tasas de interés internacionales se habían elevado de manera impresionante, de manera que sus efectos fueron devastadores sobre el servicio de la deuda pública y, en consecuencia, sobre las finanzas públicas.

La de los ochentas fue una década trágica para las finanzas públicas, ya que el déficit fiscal fue equivalente a aproximadamente 7.4% del PIB (promedio de la década), con un máximo de 11.1% del PIB durante dos años consecutivos: 1986 y 1987. Una de las cusas fundamentales fue que la deuda pública de México, que en 1970 era de sólo 11% del PIB, se había elevado hasta 61% del PIB en 1986, mientras que la tasa de interés de la FED de Estados Unidos (un referente de las tasas de interés para nuestra deuda externa) se habían elevado desde 4% en 1972 hasta más de 16% en 1981. Al final, el resultado de esta mezcla fue que en 1982 el gobierno mexicano decretara la moratoria de la deuda pública.

Desde entonces, el proceso de renegociación de la deuda pública externa de 1989-1990, en la presidencia de Salinas de Gortari, significó la quita de una gran presión sobre las finanzas públicas, al punto que las finanzas públicas se movieran desde un déficit fiscal de 8% del PIB en 1988 hasta un leve superávit fiscal de 0.5% del PIB en 1993. Desde entonces, las finanzas se habían mantenido prácticamente en equilibrio, hasta que en 2009, con la crisis financiera internacional, el gobierno tuvo que elevar el déficit hasta 2.8% del PIB en 2010. Desde entonces, el déficit se ha mantenido relativamente estable.

¿Qué está pasando en la coyuntura reciente?. En 2019, el primer año del sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el gobierno se ha comprometido a mantener las finanzas públicas en orden, lo que significa que el déficit tradicional podría ser del orden de 2.1% del PIB, además de pretender un superávit primario (excluye el servicio de la deuda pública) equivalente a 1.0% del PIB. Las estadísticas disponibles al primer semestre indican que van en el camino correcto y que probablemente se lograrán estos objetivos intermedios de la política económica. Sobre esto, vale la pena destacar varios resultados positivos de las finanzas públicas para el periodo enero-junio de 2019.

Primero, en este primer semestre, el déficit fiscal acumulado fue de casi 120 mil millones de pesos (mmp), reportando una significativa reducción de 42% anual vs el déficit de 207 mmp del primer semestre del año pasado. Los mercados financieros toman positivamente este resultado, ya que demuestra el compromiso gubernamental de preservar el equilibrio fiscal que se ha observado por tres décadas consecutivas. En consecuencia, el tipo de cambio se ha mantenido estable en lo que va de este gobierno (primeros ocho meses), al punto que hoy se ubica alrededor de los 19.2 pesos por dólar, observándose inclusive una apreciación de más de 6% respecto a su nivel de $20.35 del cierre de noviembre del año pasado.

Blog Engenium Capital—Balance fiscal
Balance fiscal

Segundo, en el primer semestre se ha reportado un crecimiento de 0.6% real anual en los ingresos presupuestarios, mejorando marginalmente con relación a las caídas de 3.7% y 1.4% real observadas durante 2017 y 2018, respectivamente. En especial, destaca la reciente recuperación de los ingresos tributarios, mismos que ahora podrían representar alrededor de 13.4% del PIB, una proporción casi histórica. Recordemos que México ha sido tradicionalmente un mal recaudador de impuestos, uno de los peores a nivel mundial.

Tercero, junto a la leve recuperación de los ingresos, estamos viendo una fuerte reducción del gasto público (-4.5% real anual en enero-junio de 2019), lo que ha sido suficiente para reducir el déficit fiscal en este año. El inconveniente de esta reducción del gasto es que el gasto en inversión física gubernamental (representa cerca de 10% del gasto total) retrocedió 17.3% real, un desplome que pocas veces se ha visto en las últimas tres décadas. Paradójicamente, cuando el país necesita invertir para que la economía crezca, el gobierno reduce la inversión. Es una mala noticia que no favorece a la inversión privada.

Cuarto, de manera complementaria, al cierre de junio, la deuda pública ascendió a casi 11.2 billones de pesos, con un crecimiento de 3.8% nominal anual y observando una significativa moderación en su ritmo de crecimiento respecto al 10.9% que observaba en junio del año pasado. De esta manera, en este año, la deuda representaría alrededor de 45.3% del PIB, manteniendo una leve tendencia a la baja. Lo destacado de esto es que el nuevo gobierno también se ha comprometido con evitar un endeudamiento del sector público, lo que también es tomado positivamente por los mercados. Mantener las finanzas públicas y la deuda en orden puede ayudar a preservar el grado de inversión del país.

Blog Engenium Capital—Deuda pública bruta México
Deuda pública bruta México

Sin embargo, el próximo año podríamos ver un aumento modesto de la deuda pública, ello derivados de dos factores. Uno, el bajo crecimiento de la economía de 2019-2020 podría afectar la recaudación de ingresos; dos, las necesidades de financiamiento del gasto social van en aumento y se requieren recursos para ejecutarlos.

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John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

 

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.