Un grupo de analistas están señalando que México ya se encuentra en recesión, condición que no compartimos, al menos no por ahora. Hay varias definiciones sobre la recesión, pero una común y utilizada con frecuencia es la que se refiere a dos trimestres consecutivos con caídas trimestrales en el PIB de un país, vista ésta en su versión desestacionalizada (las cifras originales del Inegi son engañosas y se usan cada vez menos). Esto sólo es “recesión técnica”. El ritmo del PIB del primer trimestre fue -0.2% con respecto al cuarto de 2018 y el de éste periodo fue +0.03% respecto al previo, por lo que, técnicamente, México no está en recesión, aunque estuvo a nada de estarlo.

A fines de julio, el Inegi dará a conocer el PIB preliminar del 2019 y ahí podremos ver si nuestra economía está en recesión. Pero, el 23 de agosto, el Inegi publicará el PIB final del 2019, donde suele hacer revisiones a las cifras anteriores, por lo que, si la cifra del 2018 se revisara levemente hacia un número negativo (desde +0.03%), podríamos concluir que estuvimos en recesión, aunque el 2019 pudiera ser positivo.

 

¿En qué consiste una recesión?

Sin embargo, una definición más completa sobre la recesión la da la Agencia Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER por sus siglas en inglés, National Bureau of Economic Research), que define la recesión como una caída generalizada de la actividad económica y que incluye al PIB, el ingreso real, el empleo, la producción industrial y las ventas al mayoreo y menudeo. Esta definición es más útil para los economistas y ayuda a hacer un análisis más serio sobre la recesión. Bajo este enfoque, los números de México sobre estos indicadores señalados tampoco muestran tasas negativas, excepto en la producción industrial, que revela más de dos trimestres en contracción. Por lo demás, lo que estamos viendo es claramente una fuerte desaceleración, no estamos en recesión.

¿México está en riesgo de entrar en una recesión económica?

El riesgo es evidente, dado que un grupo de indicadores importantes relacionados con la actividad económica y el empleo muestran una tendencia a la baja: PIB, producción industrial, indicadores compuestos, ingresos por servicios, consumo privado, ventas comerciales, asegurados en el IMSS, desempleo, exportaciones e importaciones, entre otros. Si esta tendencia bajista se extiende o se profundiza, el país podría experimentar una leve recesión, misma que sería de corta duración y que podría ser en este mismo año. Pero este riesgo de recesión podría extenderse al próximo año, toda vez que estados Unidos podría incurrir en una leve recesión en ese año y esto podría contaminar a nuestra economía.

 

¿Es correcto el rumbo económico que está tomando el país?

Como en todo orden de las cosas, a sólo ocho meses de la actual administración, sería muy aventurado dar un calificativo categórico sobre el rumbo de la economía, aunque el balance parece inclinarse hacia el lado negativo. Hay temas positivos que vale la pena destacar. Se insiste en preservar el relativo equilibrio de las finanzas públicas; el compromiso de no incrementar la deuda pública; el respeto a la autonomía de Banxico y del Inegi, aunque se ha golpeado a otras instituciones autónomas; el compromiso con la estabilidad de la inflación; extender la vigencia de la apertura económica (T-MEC); y no usar las reservas internacionales para financiar los programas sociales, entre otros.

Sin embargo, los pasivos de la 4T en materia económica también son variados. Algunas decisiones están afectando a la economía: la cancelación del NAIM, la construcción de Dos Bocas y del Tren Maya y la suspensión de la reforma energética, entre otros. La economía se desacelera; dichas decisiones han generado una fuerte desconfianza en el empresariado y la respuesta natural está siendo una caída de la inversión; la generación de nuevos empleos se está cayendo; las ventas y el consumo privado se van acercando al estancamiento, entre otros. Visto por este lado, el rumbo de la economía no sería el correcto.

En el balance, el rumbo de la economía no es el correcto, pero el gobierno tiene la oportunidad de corregir el rumbo a través de una gran promoción de la inversión.

¿Qué proponemos para que la economía mexicana crezca?.

Los dos objetivos más importantes de la política económica son la estabilidad de precios y lograr un buen ritmo de crecimiento económico. Lograr simultáneamente ambos objetivos se convierte en un instrumento poderoso para mejorar el nivel de vida de la población. En México, sólo hace dos décadas hemos logrado la estabilidad de precios, misma que se ha consolidado, cosa que no se daba desde la década de los sesenta. En cambio, el segundo objetivo es uno de los pendientes del país, y que a su vez es uno de los mayores retos de la nueva administración. En las últimas casi cuatro décadas, nuestra economía ha crecido sólo alrededor de 2% promedio anual, cuando debemos crecer poco más de 4% al año, suficiente para generar los 1.3 millones de empleos que demanda el mercado laboral. ¿Por qué no crecemos más rápido?. Es muy simple, porque el país no invierte lo suficiente.

En una vista de la economía por el lado de la oferta y la demanda agregada, hay cuatro factores que pueden impulsar el crecimiento económico: el consumo privado, el gasto público, las exportaciones y la inversión. De estos cuatro, los tres primeros han crecido aceptablemente a largo plazo, mientras que la inversión creció muy por debajo de lo que debiera. Hoy, la inversión representa solamente 24% del PIB, aún por debajo de su máximo histórico de 27% del PIB de 1981. Hoy invertimos alrededor de 300 mil md, cuando ya debiéramos estar por arriba de los 400 mil md.

En consecuencia, la principal conclusión es que urge un gran dinamismo de la inversión para que la economía crezca. Buscar crecer a través del consumo privado y el gasto público es para el corto plazo y con los riesgos de sobrecalentar la economía. Las propuestas para dinamizar la inversión no tienen que ver con temas económicos (el entorno económico para la inversión es el apropiado); más bien se relacionan con la sociopolítica: corrupción-impunidad, inseguridad, violencia, crimen organizado, estado de derecho y, especialmente, instituciones. El gobierno -y la izquierda- están en el poder, no por una mala economía, sino por la sociopolítica. El mensaje de la población ha sido claro: resuelvan estos problemas para que los empresarios recobren la confianza e inviertan. Invirtiendo, crece la economía con inflación estable, las empresas ganan más, se generan los empleos y mejora el nivel de vida de la población.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

 

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.