Por dos décadas consecutivas, México ha gozado de estabilidad de precios o, lo que es lo mismo, de inflación baja. Este proceso está relativamente consolidado, lo que significa que, estructuralmente, el país es ahora una economía emergente que ostenta mercados financieros con cierto grado de profundidad y con baja inflación, además de un tamaño mediano de su economía que la hace calificar como una economía de ingreso medio.

La estabilidad de precios es uno de los dos objetivos fundamentales de la política económica, siendo el otro el procurar un mayor crecimiento de la actividad económica. Desde principios de la década pasada, los logros han sido sólo parciales, con cierto éxito antiinflacionario, mientras que aún está pendiente un mayor dinamismo del producto interno bruto (PIB). Ambos, simultáneamente, son vitales para un buen desarrollo de la economía, pero especialmente para mejorar el nivel de vida de la población por medio de la generación de mayores empleos, el incremento de la capacidad adquisitiva de los salarios y una mejor distribución del ingreso, entre otros.

A largo plazo, México ha experimentado tres momentos inflacionarios claramente diferenciados. El primero, desde los años cuarenta hasta los sesenta, donde en general predominaron bajos niveles de inflación, con una economía cerrada y con una economía con fuerte presencia del Estado. Este periodo coincidió con parte de lo que se denominó el periodo del desarrollo estabilizador, caracterizado por una buena estabilidad de precios, altos ritmos de crecimiento económico y por la generación de empleos, lo que a la postre significaría una gran mejoría del nivel de vida de la población (los salarios reales crecieron de manera significativa).

 

El segundo periodo, que abarca los años ochenta (la década perdida de América Latina) y los noventa, se caracterizó por elevados niveles de inflación y un bajo crecimiento de la economía y del empleo. Durante este periodo se reportó una notable contracción de los salarios reales y la consecuente reducción del nivel de vida de la población. Sólo como referencia: la inflación histórica más alta de México se dio en 1987, con 159%. A pesar de ello, no se compara con los procesos hiperinflacionarios experimentados en esa década por algunos países de la región: Argentina, Brasil, Perú, Bolivia, entre otros.

El tercer periodo abarca desde finales de los noventa hasta la fecha, donde nuevamente México recupera la estabilidad de precios y para lo cual un elemento fundamental ha sido la autonomía del Banco de México, vigente desde abril de 1994. El  gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha comprometido con la estabilidad de precios, de manera que por cuarto sexenio consecutivo México experimentaría una inflación baja, como una condición necesaria, mas no suficiente, para aspirar a una recuperación del nivel de vida de la población, que mucha falta hace. Nuevamente, el cumplimiento de objetivos es sólo parcial, ya que la baja inflación (ligeramente por arriba de 4% anual estimado para este sexenio) se combinaría con un muy bajo crecimiento de la economía: sólo alrededor de 2.3% al año, un ritmo absolutamente insuficiente para generar los poco más de 1.2 millones de nuevos empleos anuales que demanda el mercado laboral (hoy en día se generan por año sólo poco más de 600 mil empleos formales en el sector privado).

La estabilidad de precios no sólo es vital para el beneficio de la población, sino también para los otros agentes de la economía: las empresas y el gobierno. Sólo en un ambiente de precios estables, las empresas pueden hacer planes a largo plazo, en el sentido de realizar inversiones, sabiendo que sus planes de rentabilidad pueden garantizarse en el tiempo. Esto mismo significa que las empresas pueden expandirse y generar un crecimiento de la economía. Recordemos que alrededor de 86% de las inversiones actuales las realizan las empresas privadas y el grueso del empleo lo genera el sector privado. En presencia de alta inflación, difícilmente el sector privado contribuiría a la expansión de la economía. Finalmente, y como lo ha dicho desde siempre Banxico, la mejor contribución del Banco Central a la economía es a través de la estabilidad de precios. La prueba está en que, sólo durante los periodos en que el país ha gozado de estabilidad de precios, los salarios reales han crecido.

En la coyuntura reciente, y ya con el nuevo gobierno, se renueva el compromiso con la autonomía de Banxico y con la estabilidad de precios. Y hace bien el gobierno en refrendar este compromiso, porque un descuido, o si se revierte el éxito antiinflacionario logrado en las recientes dos décadas, significaría un duro golpe a los asalariados. Como se dice, la inflación es el peor impuesto para ellos, porque no hay forma de que se protejan para evitar sus efectos.

 

En este momento la inflación nuevamente ha descendido hasta 4% anual en marzo, por primera vez desde principios de 2017, cuando fue afectado por el gasolinazo de principios de ese año. Aunque no está garantizado que la inflación de los siguientes meses vaya a consolidar su reciente tendencia a la baja, el hecho de que los precios de los combustibles se mantengan relativamente estables ayudaría a que la inflación general se ubique dentro del rango meta de Banxico: entre 2% y 4% a largo plazo. Los analistas del sector privado se muestran optimistas sobre las expectativas inflacionarias de corto y mediano plazo; esperan que ésta se ubique alrededor de 3.6%, de acuerdo con la encuesta de Banxico (y también la de Citibanamex). En consecuencia, si la inflación tiende a la baja, eventualmente Banxico tendrá un elemento a su favor para optar por una reducción de su tasa de interés, que hoy se ubica en 8.25%, mismo que se mantiene en este nivel desde diciembre pasado.

Además de la estabilidad de precios, el nuevo gobierno está comprometido con un sano desarrollo de los principales fundamentos de la economía: moderación del desequilibrio fiscal, no al aumento de la deuda pública, un desequilibrio externo moderado, un aumento progresivo de la plataforma petrolera, entre otros. Todos estos compromisos son necesarios para una mejora futura de la economía, pero no son suficientes, ya que hace falta como condición indispensable resolver los temas de la sociopolítica: corrupción, impunidad, estado de derecho, violencia, inseguridad, instituciones, etc. Las expectativas de la economía serán buenas sólo en la medida que se logren resolver estos últimos.

tabla 5 estabilidad (blog tabla)

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

 

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.