Tres indicadores relevantes como la inflación, crecimiento y empleo pueden resumir la marcha de la economía, ya que son justamente las metas fundamentales de la política económica. Por un lado, el Banco de México tiene como principal objetivo la estabilidad de los precios (procurar bajos niveles de inflación), siendo éste su principal contribución al logro de otros objetivos superiores: mejorar los niveles de vida de la población. Para ello, desde que el Banco de México es autónomo, ha logrado con el paso del tiempo estabilizar los precios, al reportarse una inflación alrededor de 4.3% anual para la última década y media. Su principal instrumento ha sido el manejo de la tasa de interés de referencia o de política monetaria, incrementándola cuando ha habido señales de presiones inflacionarias y reduciéndola cuando la economía ha ingresado a una fase de desaceleración o recesión.

El Banco de México ha sido muy activo en el manejo de este instrumento, habiendo sido muy exitoso en lograr su meta inflacionaria. La inflación del actual sexenio de Enrique Peña Nieto ha sido de sólo 4% promedio anual, la más baja desde la década de los sesenta, lo que significa que, estructuralmente, México está logrando la estabilidad de precios, ello a pesar de que hemos experimentado periodos de presiones alcistas. La actuación de Banxico ha sido vital para evitar un descontrol de los precios.

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Por otro lado, el crecimiento de la economía es principalmente responsabilidad de la Secretaría de Hacienda, cuyas medidas de política económica, como las de corte fiscal (impuestos y subsidios), de deuda pública, las comerciales, la cambiaria (junto con Banxico a través de la Comisión de Cambios), las salariales, entre otras, deben procurar un mejor ritmo de la actividad productiva. A diferencia del exitoso combate a la inflación, en materia de crecimiento económico los logros han sido sólo parciales. En efecto, el PIB mexicano, que había crecido dinámicamente al 6.2% promedio anual durante los siete sexenios  del denominado desarrollo estabilizador (1941-1982), ha dejado de hacerlo y ahora crece solamente al 2.1% anual durante 1983-2018, periodo al que podríamos denominar de estabilidad con estancamiento. El exitoso crecimiento pasado se atribuye fundamentalmente al dinamismo de la inversión, donde había sido toral el papel del sector público en la construcción de las obras de infraestructura, complementadas por la inversión privada.

Sólo como referencia: la inversión total representaba alrededor de 7% del PIB a principios de los años cuarenta, elevándose ésta hasta 27% del PIB en 1981 (máximo histórico), periodo que coincide con el gran dinamismo de la economía. Desde entonces, la inversión se cayó y luego se ha recuperado parcialmente: en este año 2018 sólo equivale a 23% del PIB. Este es justamente uno de los grandes retos que tendrá que enfrentar la nueva administración: recuperar la capacidad de crecimiento del país. Y, para ello, la única manera de lograrlo será dinamizando la inversión, misma que a mediano-largo plazo deberá elevarse hasta 30% del PIB y sostenerlo sobre estos niveles. China invierte más de 40% del PIB, otros países asiáticos está por arriba de 30% y algunos latinoamericanos arriba de 25%.

La importancia de que la economía crezca radica en que se pueden generar más empleos, el otro componente determinante del nivel de vida de la población. En este sexenio que concluye, visto por los trabajadores asegurados en el IMSS (empleo privado formal), en términos nominales o absolutos se han generado los mayores empleos de la historia económica del país: cerca de 700 mil nuevos empleos al año. Sin embargo, la forma correcta de medir el empleo es en términos relativos. Este empleo ha crecido 3.9% promedio anual, su mayor tasa desde los años setenta, pero muy por debajo de lo logrado en el periodo de alto crecimiento del país. La única manera de elevar el ritmo de generación de empleos es a través del mayor crecimiento de la economía. Hay grandes retos económicos para la nueva administración, pero el reto de retos que tendrá que enfrentar tiene que ver con los temas sociopolíticos: corrupción, impunidad, violencia, inseguridad, crimen organizado, estado de derecho, instituciones. Resuelto estos problemas, al menos parcialmente, su incidencia será vital sobre la inversión y el crecimiento económico.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

 

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.