Después de un año de negociaciones, México y Estados Unidos llegaron a un acuerdo comercial (se espera que pronto Canadá se incorpore). Uno de los temas más importantes, y que ha demandado grandes tensiones en el proceso de negociación, ha sido el de la industria automotriz. Solamente como un antecedente de esta negociación, hay que señalar que antes de la vigencia del TLCAN de 1994, nuestra balanza comercial automotriz total (vehículos más autopartes) era superavitaria en 4,188 millones de dólares en 1993, ampliándose significativamente hasta cerca de 75 mil md estimados para este año (65 mil md sería en vehículo), gran parte del cual es justamente con Estados Unidos y siendo precisamente la razón por la cual el presidente Trump ha puesto la mira sobre esta industria. El fondo de este acuerdo es que Estados Unidos busca reducir el creciente déficit automotriz que tienen con nosotros. Es tal nuestro superávit comercial automotriz, que ha superado ampliamente a otros rubros como el de petróleo y gas, que tradicionalmente había sido el mayor superavitario.

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En la coyuntura actual, después de crecer 13.5% durante 2017, la producción de vehículos se ha mantenido sin cambios en lo que va de este año. En efecto, durante enero-agosto se produjeron 2.62 millones de vehículos (autos más camiones ligeros), similar a las 2.61 millones de hace un año, lo que ha significado un avance sólo marginal, de +0.1% anual (en agosto creció sólo 0.4% anual). La de vehículos es la 13ava industria más importante del país, con un PIB de 23 mil millones de dólares (las dos  primeras son servicios inmobiliarios y comercio al mayoreo con 118 y 115 mil md, respectivamente) y ahora enfrenta una coyuntura compleja. En adelante, la principal complejidad que enfrentará esta industria local proviene de lo acordado entre México y Estados Unidos a raíz del TLCAN, donde en materia de reglas de origen se ha aceptado que el 75% del valor de un vehículo tendrá que ser fabricado en la región de Norteamérica; asimismo, entre 40% y 45% de los vehículos que se exporten a Estados Unidos deberán ser generados por empresas con salarios superiores a 16 dólares la hora. Si el productor no cumple con estos requisitos, tendrá que pagar un arancel de 2.5% a Estados Unidos, en línea con lo que marca la OMC para las naciones más favorecidas. Adicionalmente, ante la eventualidad de que Estados Unidos aplicara 25% de aranceles al resto del mundo, se habría negociado para México un tope de 2.4 millones de vehículos y 90 mil md a exportarse hacia Estados Unidos, lo que podría ser una de las mayores limitantes para la futura expansión de esta industria. Estos acuerdos entrarían en vigor a partir del 1° de enero de 2020.

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Claramente, esta industria está resintiendo el entorno de incertidumbre prevaleciente desde el año pasado. Ya se llegó a un acuerdo con Estados Unidos y se espera la definición de Canadá; mientras tanto, el crédito bancario hacia esta industria se ha desacelerado significativamente, aunque aún mantiene tasas aceptables. En este año se exportarían más de 79 mil md en vehículos, con un crecimiento estimado de 9%, aunque el volumen de vehículos exportados retrocedería 0.3%, un cambio muy fuerte respecto al año pasado. Finalmente, otra manifestación de la incertidumbre es que la inversión extranjera hacia esta industria se caería alrededor de 30% en este año, desde su máximo histórico de 2017 (3,350 md).

Si se concreta el TLCAN trilateral o se acuerda sólo México-Estados Unidos, se elimina la incertidumbre, pero la industria local podría resentir los efectos de este acuerdo a mediano plazo, de 2020 en adelante.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.