Algunas notas positivas destacan en la economía. Por un lado, la confianza empresarial se eleva por segundo mes consecutivo, revelando un ambiente relativamente positivo a partir de la llegada como gobierno electo de Andrés Manuel López Obrador, ello derivado de algunas señales positivas enviadas por él mismo y su primer equipo económico. El nuevo Congreso de la Unión ya entró en funciones y ahora se espera el inicio de la nueva administración sexenal, a partir del 1° de diciembre. Después de esta fecha empezaremos a ver el verdadero ejercicio del poder por parte del nuevo gobierno e iremos monitoreando las políticas económicas que se irán implementando, aunque parte de éstas ya las veremos desde la aprobación del paquete económico para 2019, donde los representantes del nuevo gobierno ya estarán teniendo incidencia porque están participando en su elaboración (es parte del proceso de transición sexenal).

Por otro lado, aunque las expectativas económicas de los analistas (encuesta de Banxico al sector privado) se ajustan levemente a la baja en materia de crecimiento para éste y el año entrante y cierta alza en la inflación esperada, en general, las previsiones siguen apuntando a un crecimiento económico moderado para la coyuntura 2018-2019. Por ello, será primordial lo que el nuevo gobierno proponga próximamente en materia económica hacia el mediano y largo plazo, de manera que podamos derivar si México puede crecer más en el futuro que en los sexenios pasados. Sólo como referencia: durante 2001-2006 (sexenio de Vicente Fox) el PIB creció 1.9% promedio anual, 1.7% anual durante 2007-2012 y 2.4% estimado durante 2013-2018. Hace falta programas más agresivos para crecer alrededor de 4% anual, que es lo que demanda el mercado laboral. El mayor crecimiento demanda que el país invierta más y que, a su vez, las fuentes de financiamiento estén disponibles. Por ello, el crédito debe crecer a tasas más elevadas que en el pasado reciente y recuperar el peso específico que lo perdió con la macro crisis mexicana de 1995.

 

En la coyuntura actual, el crédito comercial de la banca múltiple crecería alrededor de 6.3% real en este año, mejorando un tanto respecto al 4.1% del año pasado. Aunque la tasa actual es aún moderada, se trata de un ritmo importante, ya que se da en condiciones de un entorno externo complejo, cierta incertidumbre en torno a algunas posturas del gobierno electo (energía, aeropuerto, inversiones, gasto público, etc) y un proceso aún alcista en las tasas de interés comerciales. La tasa de interés para empresas se ubica ahora arriba de 9.3% y con cierta tendencia al alza por el resto del año. Así las cosas, en este sexenio hubo una moderación en el ritmo del crédito comercial, aunque han mantenido tasas aceptablemente buenas: 6.6% real anual durante 2013-2018 vs 11.1% del periodo 2007-2012. El crédito comercial debiera crecer por arriba de 10% real anual, suficiente para financiar un programa expansivo de inversiones y para que su peso represente más de 25% del PIB a mediano plazo (en este año sería de sólo 14%).

Las actuales condiciones económicas, o el entorno macroeconómico, son aceptablemente buenas como para promover un buen crecimiento de la inversión y el crédito. La inflación es baja, hay una relativa estabilidad de los mercados financieros, las finanzas y la deuda del sector público están en niveles aceptables, hay liquidez (reservas internacionales cerca de máximos históricos) y la banca opera con muy baja cartera vencida y ostenta altos niveles de capitalización. Hoy, la cartera vencida comercial se ubica alrededor de 1.3% y no representa un problema para la banca ni el sistema financiero mexicano. Si el nuevo gobierno impulsa la solución de algunos de los problemas sociopolíticos críticos que padece el país, estaríamos en condiciones de que la economía crezca a tasas más elevadas, sujetos sólo a factores externos que no son controlados por el país y que pueden obviamente representar un riesgo que permanentemente tenemos que enfrentar.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.