Con cifras oportunas publicadas hoy, el Inegi dio a conocer que el PIB de México creció 1.6% anual en el segundo trimestre en su cifra desestacionalizada, una tasa un tanto baja y una de las menores desde principios de 2014. A nivel de los tres grandes sectores económicos, la moderación es generalizada. El agropecuario creció 2.0%, el industrial se mantuvo estancado (0.2%), mientras que los servicios avanzaron 2.4% anual. De esta manera, combinado con el ritmo de 2.3% del primer trimestre, la economía pasa el primer semestre con un crecimiento de 2.0% anual. Las cifras definitivas del PIB para el segundo trimestre, y a nivel de todas las industrias, se darán a conocer hacia la cuarta semana de agosto. Hasta entonces podremos evaluar el perfil de riesgo de cada industria.

Las expectativas de crecimiento para este año se mantienen en la categoría de moderadas, con un estimado de 2.2%, muy parecido a lo observado el año pasado. Además de factores como el TLCAN, las alzas en tasas de interés, las amenazas arancelarias del gobierno de Estados Unidos, posiblemente la coyuntura electoral ha afectado parcialmente a la actividad económica y se está dando en condiciones en que la economía de Estados Unidos sigue creciendo a tasas cada vez más elevadas. En el segundo trimestre, el PIB de ese país creció 2.8% anual, ligando ocho trimestres consecutivos al alza. Después de crecer 2.2% en 2017, Estados Unidos podría crecer este año alrededor de 2.8%. A pesar de ello, nuestra economía aún no cobra fuerza, sabiendo que nuestras exportaciones crecen alrededor de 10% por segundo año consecutivo. Hay una especie de desacoplamiento entre nuestra economía y la de Estados Unidos.

Aunque a lo largo de julio, el gobierno electo de López Obrador ha enviado algunas señales positivas, y así lo han tomado los mercados y los empresarios, aún no podemos afirmar que las empresas adelanten inversiones en este segundo semestre, dadas las señales enviadas. El hecho de que el gobierno electo esté muy involucrado en el proceso de transición es positivo para el país, cosa que no habíamos visto en los procesos anteriores. En todo caso, las señales más certeras sobre la futura política económica lo empezaremos a ver a partir de septiembre, cuando conozcamos el programa económico que se aplicará a lo largo de 2019 y veamos las propuestas sobre cuánto planean crecer, sobre las finanzas públicas, la estructura del gasto público, etc. El optimismo que hoy vive la mayoría de la población tendrá que ser sustentado en resultados positivos a corto plazo, no sólo en materia económica, sino principalmente en los temas socio-políticos y los rezagos sociales que han derivado en la elección de un gobierno de corte izquierdista, inédito en el país.

En la medida que los resultados económicos sean positivos, y sostenibles en el tiempo, estas expectativas de la población podrían consolidarse. Sin embargo, si los resultados fueran muy inferiores a las expectativas generadas, los mercados pueden decepcionarse y generarse cierto desorden en la economía. Hay que monitorear los resultados vs las promesas. El nuevo gobierno empezará sus funciones con un amplio margen de aprobación y ya veremos si éste se mantiene a mediano plazo.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

 

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.