Los principales indicadores de Estados Unidos siguen confirmando el buen momento que vive esa economía. Veamos lo que está aconteciendo en la coyuntura. Primero, en la actividad económica, lo más destacado es que la producción industrial está creciendo a una tasa de 3.3% anual en el primer semestre del año, un ritmo aceptablemente bueno, que ha sido inducido por el repunte que están observando sus exportaciones, cuyo ritmo de 11.7% anual en mayo es el más elevado desde 2011. Junto con ellos, el sentimiento del consumidor, los indicadores de gerentes de compra, las ganancias corporativas, el inicio de construcción de viviendas y la venta de casas nuevas muestran una trayectoria ascendente, avalando la fortaleza de esa economía.

Segundo, las ventas al menudeo crecieron 6.5% anual en junio de este año, su tasa más elevada desde febrero de 2012, en respuesta clara a la generación de mayores empleos y cierta mejora en los salarios, lo que está reflejando los avances del mercado interno. Esto último se acompaña recientemente por cierta recuperación de la venta de vehículos, con 4.6% anual en junio, una de sus mejores tasas desde principios de 2016.

Tercero, el mercado laboral muestra ahora una fortaleza sin precedentes. Por un lado, el desempleo promedió 3.9% en el segundo trimestre del año, su tasa más baja desde principios del año 2000, cuando finalizaba la administración de Bill Clinton y que había significado uno de los periodos más largos de expansión para la economía norteamericana en la era moderna. Durante el gobierno de Clinton (1993-2000), el PIB de Estados Unidos creció casi 4% promedio anual. En la coyuntura actual, la nómina no agrícola recobró fuerza desde el año pasado, con 2.34 millones nuevos empleos acumulados en los recientes cuatro trimestres, revirtiéndose la baja observada hasta mediados del año pasado.

Cuarto, la inflación confirma su tendencia ascendente, con un 2.87% anual en junio, su mayor registro desde enero de 2012. Parte de este ascenso se atribuye a los mayores precios del petróleo, con un WTI que promedió junio en 67.4 dpb, elevándose un tanto más hasta tocar 74.5 dpb hacia el 10 de julio. Lo anterior signica incrementos cercanos a 50% anual en los precios petroleros, lo que claramente está empujando a la inflación al alza. Por décimo mes consecutivo, la inflación de Estados Unidos supera la meta oficial de 2% de la FED; si la tendencia inflacionaria sigue al alza y logra bordear el 3.5% anual, seguramente obligaría a una respuesta más contundente por parte de la FED para elevar su tasa de interés, lo que podría ocurrir hacia mediados del año entrante. Lo anterior podría combinarse con un mayor ritmo de la economía, lo que podría ser una manifestación inicial de un sobrecalentamiento de la economía de ese país. Y, cuando esto ocurre, es muy conocido que la FED debe intensificar su alza en tasas para moderar el ímpetu de la economía. En este momento, la tasa de la FED se ubica en 2.00%, aumentando sólo gradualmente desde fines de 2016 y tras haber culminado previamente su cuantitative easing. Estas tasas podrían elevarse el año entrante hasta 3.5%.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.