Al fin una buena noticia sobre la inversión. En febrero reportó un crecimiento de 4.9% anual, su mejor tasa desde febrero de 2016 y ligando apenas dos meses consecutivos con tasas medianamente positivas. Aunque parte de este repunte revela un efecto estadístico derivado de la caída de febrero del año pasado, no deja de sorprender el resultado, ya que se está dando justamente en pleno año electoral, donde pudiéramos pensar que la inversión hace una pausa en espera de mayores definiciones sobre el futuro de la economía mexicana. Algunos hechos destacan en estos resultados.

Primero, se aprecia un fuerte crecimiento de 7.9% en la inversión en maquinaria y equipo, segmento que pesa actualmente casi 45% de la inversión total del país, mientras que la inversión en obras de construcción crecieron 2.8%, también su mejor registro desde principios de 2016. La inversión en maquinaria y equipo, que ascendió a cerca de 115 mil millones de dólares el año pasado, está creciendo principalmente en su rubro de origen importado, con una tasa real de 12.3% anual en febrero, su mayor tasa desde el cuarto trimestre de 2015. Si el ritmo de la inversión continúa en los próximos meses, sería una gran noticia para la economía, dado que el principal determinante del crecimiento económico es la inversión. Sólo en la medida que la inversión sostenga tasas elevadas, prácticamente estaría garantizado un buen ritmo de crecimiento económico.

Se requiere que la inversión crezca alrededor de 8% real cada año, de manera sistemática, para que el PIB pueda hacerlo cerca del 4% anual, de manera que la economía pueda absorber los 1.2 millones de nuevos empleos que demanda el mercado laboral interno. El inversionista, en especial el privado, requiere un entorno económico favorable y un entorno socio-político que genere certidumbre.

En los recientes sexenios, las condiciones de la economía y que normalmente detonan la inversión son medianamente buenas: baja inflación y en tasas de interés, relativa estabilidad cambiaria, altas reservas internacionales, déficit moderado en lo fiscal y en las cuentas externas, baja deuda externa, moderada deuda pública, entre otros. Sin embargo, a pesar de estas buenas condiciones de la economía mexicana, y que ha significado que ésta haya desarrollado cierta fortaleza, la inversión no ha repuntado. Lo anterior significa que la ausencia o el rezago de la inversión se explica por otros factores socio-políticos: corrupción, impunidad, inseguridad, violencia, debilidad del estado de derecho, crimen organizado etc. Estos son los grandes inhibidores de la inversión, el crecimiento y el empleo en el país.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.