Tal como estaba previsto por casi la unanimidad de analistas, el Banco de México dejó sin cambio su tasa de referencia, en 7.50%, mismo que se mantiene desde febrero. Esta decisión de Banxico se da bajo ciertas condiciones favorables para la economía mexicana. Primero, la inflación muestra claramente una trayectoria a la baja y ya se ubica en 5.04% anual en marzo, descendiendo desde un 6.77% en diciembre, lo que diluye significativamente las presiones sobre Banxico, recordando que el año pasado Banxico aumentó sus tasas porque la inflación se elevó significativamente. Segundo, el tipo de cambio sigue apreciándose, ubicándose ahora alrededor de 18.2 pesos por dólar, siendo el Peso mexicano la moneda que más ganado a lo largo de este año; tercero, los precios de la mezcla mexicana se han elevado y ahora se ubican en 58.69 dólares por barril. Banxico deja sin cambio su tasa en circunstancias en que la FED elevó la suya en marzo pasado, siendo de las pocas veces que Banxico se desacopla al menos temporalmente de la FED.

Simultáneamente, la FED de Estados Unidos está encaminado en subir su tasa de interés, que ahora se ubica en 1.75%. Es previsible que esta tasa se eleve al menos en dos ocasiones en lo que resta de este año, ello derivado de la fortaleza de la economía de Estados Unidos. Primero, el PIB está en fase ascendente y crecería por arriba de 2.5% en este año, su mayor registro desde 2015; segundo, la inflación tiende al alza y ya se ubicó en 2.36% anual en marzo. Si la inflación interna sigue a la baja, como es previsible, Banxico debiera dejar su tasa en el mismo nivel hasta fin de año, a pesar que la FED pudiera elevar la suya, ya que la brecha o spread tasa Banxico vs inflación local se ha ampliado considerablemente. Más bien, esto último representa un incentivo para Banxico piense eventualmente en reducir su tasa de interés, misma que podría darse hacia el cierre de este año o posiblemente en la primera parte del año entrante.

Por su parte, la producción industrial reportó un crecimiento de 0.7% anual en febrero. Aunque es una tasa muy baja, se trata de su mejor número desde noviembre de 2016, sin que esto represente necesariamente un cambio de tendencia en este sector. Lo que destaca es que, a su interior, la construcción está mostrando cierta mejoría, con un crecimiento de 4.0% anual en marzo y ligando tres meses consecutivos con tasas relativamente elevadas (3.4% en diciembre y 2.9% en enero). Al parecer, la construcción empieza a mostrar un cambio de tendencia. De esta manera, la construcción (pesa 23% del PIB industrial) creció 3.4% anual en el primer bimestre, destacando su componente de Edificación con 6.0% y Trabajos especializados con 5.6%, mientras que la de infraestructura cayó 6.8%, manteniendo ésta una contracción por quinto año consecutivo.

Las manufacturas se mantienen estancadas (0.2% anual en el primer bimestre). A su interior, la industria con peor desempeño sigue siendo Derivados del petróleo (-33.2% anual en el bimestre), con caídas por quinto año consecutivo y siendo la actual caída la más aguda históricamente: ni en las crisis de 1995 y 2009 esta industria había retrocedido como ahora. Por ejemplo, lo que no se produce internamente de gasolina se está importando, de manera que casi 72% del consumo interno de gasolinas proviene del exterior. La otra industria que enfrenta una fuerte recesión es la de cuero y calzado (-10.5% anual).

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.