La coyuntura para el Banco de México sigue siendo sumamente compleja. Obligado por la inflación, por dos años consecutivos se adelantó a subir su tasa de referencia de manera significativa, mientras la FED lo hacía sólo muy lentamente y, en ocasiones, deteniéndose  ante cierta letanía de la actividad económica. Hoy, cuando nuestra tasa local está en máximos en más de una década y por arriba de la mayoría de los países en el mundo, Banxico percibe las presiones externas de las alzas más decididas en las tasas de la FED para este año, pero con una inflación interna que empieza a descender. Como en otras épocas, Banxico se enfrenta nuevamente a un dilema de tasas: bajarlas en línea con la nueva trayectoria de la inflación, o subirlas en respuesta a la decisión de la FED. Si las sube, el mayor riesgo es que podría afectar nuevamente a la actividad económica.

Por lo pronto, en la primera quincena de febrero, la inflación se ubicó en 5.45% a tasa anual, observando un leve descenso con relación al 5.58% anual de la quincena previa. Se trata de una buena noticia porque estaría confirmando nuestra previsión de que la inflación consolidaría su proceso de baja durante todo este año. Es probable que durante enero-agosto veamos descensos importantes de la inflación anual, tal vez hasta 4.5% anual en agosto, inclusive podría ser un poco más bajo. Revisamos a la baja nuestra estimación de inflación para el cierre de este año, de 4.4% a 4.2%. Los analistas del mercado (encuesta Banamex) piensan que la inflación podría cerrar el año alrededor de 4.1%.

Los resultados inflacionarios serán vitales para la futura decisión de las tasas de Banxico. En el supuesto de que Banxico tuviera que seguir aumentando sus tasas en línea con las tres alzas que se espera realice la FED en este año (del actual 1.50% hasta al menos 2.25%), la tasa local tendría que finalizar 2018 en 8.25%. De ser el caso, y considerando el descenso previsto de la inflación, se ampliaría considerablemente el spread entre la tasa Banxico vs la inflación local, lo que no tendría sentido económico por las implicaciones que las mayores tasas pueden tener sobre la economía general. Sin embargo, un fenómeno de esta naturaleza ya lo experimentamos en 2004-2005, cuando el diferencial entre las tasas locales y la inflación se amplió de manera significativa (la inflación empezaba a bajar, como hoy). La diferencia es que, en ese entonces, las tasas de la FED se elevaban considerablemente y operaba una política monetaria restrictiva para contener un sobrecalentamiento de la economía de EEUU: la tasa se elevó desde 1.00% a principios de 2004 hasta 5.00% a fines de 2005. Esta vez, las alzas serían moderadas, ya que aún no vemos un sobrecalentamiento de esa economía.

Nuevamente preguntamos: ¿es necesario o se justifica seguir subiendo las tasas locales? La subida de tasas del año pasado ya tuvo implicaciones sobre el PIB, el crédito, las ventas, el consumo privado, la inversión, entre otros. Aunque la responsabilidad constitucional de Banxico es la estabilidad de los precios, debe saber que sus decisiones son vitales para el resto de la economía. A sabiendas que la inflación tiende a la baja, seguirá empeñado en subir las tasas? En general, desde hace muchos años, el país ha logrado controlar la inflación, pero el crecimiento económico es pobre, de apenas 2.2% anual en casi tres décadas.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.