Históricamente, los desequilibrios en nuestro sector externo -balanza en cuenta corriente, deuda externa- han sido una de las causas principales de las crisis económicas que ha experimentado México.

Así han sido los casos de 1976, 1982, 1987 y 1995, coincidiendo justamente con las transiciones sexenales. Sólo como referencia: previo a la crisis de 1995, el déficit de la balanza en cuenta corriente había ascendido hasta el equivalente a 5.6% del PIB en 1994, su máximo nivel en al menos más de seis décadas, derivándose de ello la mayor crisis económica experimentada por México desde la gran depresión de los años treinta. Han sido tales sus consecuencias que, algunos indicadores, como el crédito comercial de la banca múltiple, aún no se ha recuperado desde entonces y se mantiene hoy 10% real aún por debajo de su nivel de 1994 (lleva un rezago de 23 años).

Después de la crisis de 1995, el manejo de la economía mexicana ha sido prudente, cuidando los principales equilibrios macroeconómicos. Uno de ellos, en particular, ha sido el desequilibrio externo, medido a través de la balanza en cuenta corriente, que desde entonces ha promediado alrededor de sólo 1.5% del PIB, una tasa moderada que no ha puesto en riesgo alguno a nuestro sector externo ni a la economía en general. En la coyuntura reciente, lo que vemos es una reducción de este déficit por segundo año consecutivo, estimándose para este año -1.7% del PIB, favorecido por la reducción del déficit comercial y la menor salida neta de divisas de la economía por remisión de utilidades al exterior, a lo que suma, aunque en menor medida, el constante incremento de la entrada de divisas por remesas familiares, que en este año superaría los 28 mil millones de dólares. Así, en este año, el déficit de la cuenta corriente ascendería a alrededor de 19 mil md, su nivel más bajo desde 2012, y siendo financiado de manera sana con recursos de largo plazo, como la inversión extranjera directa, con un estimado de casi 28 mil md. Es destacable que la entrada prevista por IED para 2017 se reduzca sólo marginalmente con relación a los 29.4 mil md de 2016 (-5.0%), ello a pesar del entorno externo sumamente complejo que enfrentó México a raíz de las nuevas condiciones políticas en Estados Unidos.

Aunque la moderación del desequilibrio externo también ha sido favorecida por la depreciación del tipo de cambio de los años recientes -el peso está subvaluado en aproximadamente 14%-, esencialmente la política económica ha buscado mantener un déficit externo y fiscal sanos, de manera que ambos sean factores de confianza para los inversionistas nacionales y extranjeros. En la medida que ambos déficits se mantengan bajo control en los próximos años, el riesgo-país de México se mantendría bajo, como el que hoy ostentamos, por debajo de los 200 puntos base (EMBI+ JPM). Adicionalmente, junto al menor déficit externo y los aún elevados niveles de la IED, México reporta hoy elevados niveles de reservas internacionales, de 173 mil md, equivalentes a 14.4% del PIB. Sólo como referencia, en 1994, previo a la crisis de 1995, las reservas eran equivalentes a sólo 1.2% del PIB, lo que revelaba una escasa liquidez del país, por lo que el gran déficit externo acumulado en ese año y la ausencia de liquidez para financiarlo derivaron en algo inevitable: la devaluación del peso mexicano. Hoy, las condiciones son completamente distintas, en sentido positivo. La probabilidad de una crisis interna derivada de nuestro sector externo es baja.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.