Contra todos los pronósticos, el Peso mexicano sigue ganando terreno y es una de las monedas que más se ha apreciado en lo que va del año, coincidiendo con los primeros cinco meses del nuevo gobierno de Estados Unidos. El tipo de cambio interbancario (al mayoreo) se ubica alrededor de 18.13 pesos por dólar, su mejor nivel desde mayo del año pasado y apreciándose cerca de 18% desde su máximo histórico de 22 pesos del 20 de enero de este año, con la asunción de Donald Trump.

Hace unos meses comentamos que, si las condiciones económico-políticas externas -declaraciones del presidente Trump, muro, migración, IED, etc- y algunas internas operaban en una dirección positiva, veríamos una importante apreciación del Peso, y eso es justamente lo que está ocurriendo. También comentamos en marzo que el tipo de cambio teórico, aquel nivel que permite un equilibrio entre los precios relativos de México vs Estados Unidos, se ubicaba alrededor de 16.2 pesos, por lo que actualmente la moneda mexicana está subvaluada en un 14% (el tipo de cambio de mercado se ubica por arriba del teórico o de equilibrio o de paridad), en línea con las declaraciones del gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, de que el Peso estaba subvaluado.

Lo anterior significa que el Peso podría apreciarse adicionalmente en esta proporción, sin que ello signifique una pérdida de competitividad cambiaria, dado que, de hacerlo, estaría acercándose a su punto de equilibrio, donde teóricamente debiera estar. En el extremo, y bajo las mejores condiciones económicas, la cotización podría rebasar el punto de equilibrio y posicionarse por debajo de los 16.5 pesos, lo que significaría la vuelta a la sobrevaluación de nuestra moneda, una situación que en el pasado ha sido la tónica del Peso, aunque en el corto plazo se ve poco probable. Mientras el Peso se aprecia, los precios de la mezcla se mantienen relativamente estables a lo largo del año y las reservas internacionales se mantienen alrededor de los 175 mil md. En un horizonte de corto plazo (dos o tres meses), nuestra moneda puede seguir apreciándose, ya que la economía de EUA y México sigue avanzando y no se ven factores de riesgo importantes; eventualmente, un rebote como el que vimos el jueves 15 de junio puede darse, sea porque el dólar se aprecia contra otras monedas o por factores políticos en el país vecino.

En una vista histórica -de 2000 a la fecha-, usualmente el Peso mexicano ha reportado cierto nivel de sobrevaluación (mercado por debajo del teórico), mismo que se había apoyado por los elevados niveles de reservas internacionales. Desde mediados de 2014, cuando inició el desplome de los precios del petróleo, el peso se ha depreciado, ganando competitividad.Sin embargo, en la medida que en el futuro cercano mejoren las condiciones económicas, y es justamente lo que ha ocurrido a lo largo de este año, es posible que el Peso siga ganando terreno. Obviamente, prevalecen algunos factores de riesgo que podrían interrumpir este proceso, destacadamente el factor TLCAN, con noticias que seguramente empezaremos a ver a partir de agosto-septiembre. Si las noticias no fueran favorables, claramente podríamos ver una afectación sobre el Peso, pudiendo ocurrir lo mismo ante eventos geopolíticos internacionales o por los problemas internos en Estados Unidos. Hacia la última parte del año, probablemente empezaremos a ver cierta presión derivada del ambiente político con miras a las elecciones de 2018, cuando ya estaremos viendo algunas definiciones en torno de los potenciales candidatos, a sabiendas que hoy el único candidato declarado es Andrés Manuel López Obrador.

Lo mejor que le puede pasar al Peso es que se cotice alrededor de su nivel de equilibrio, porque de esta manera no se “premia” ni se “castiga” a quienes operan el comercio y las finanzas internacionales. Mantener la moneda crecientemente sobrevaluada puede generar grandes desequilibrios de las cuentas externas, mismas que suelen corregirse con devaluaciones abruptas de la moneda y una recesión de la economía. La experiencia más viva de esta condición fue lo que experimentó México durante la crisis económica de 1995.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.