Un número importante de indicadores en Estados Unidos señalan claramente que su economía continúa consolidando su proceso de mejoría iniciado hace casi un año. Por ejemplo, la producción industrial muestra ahora mismo tasas cada vez más elevadas, aunque partiendo de una base baja; el mercado laboral consolida su desempeño, con generación de nuevos empleos y mínimos para la tasa de desempleo, al punto que se ubica alrededor del pleno empleo; la inflación nuevamente tiende hacia el 2%, que es la meta de la FED de mediano-largo plazo y sin mostrar presiones importantes de demanda; el PIB crece alrededor de 2%, mostrando una tendencia ascendente por tercer trimestre consecutivo y sin representar tampoco presiones sobre otras áreas de la economía. En general, se aprecian mejoras adicionales en otros indicadores económicos. Dado que el PIB aún no crece a tasas elevadas y la inflación se ubica sólo levemente por arriba de la meta de la FED, ambos no representan fuentes importantes de lo que se llama “sobrecalentamiento” de la economía, por lo que la FED continúa pensando en alzas moderadas de sus tasas a lo largo de este año. La semana pasada se dio a conocer el PIB revisado de Estados Unidos del primer trimestre, logrando un crecimiento de 2.04% anual (la vista preliminar había sido de 1.92%), siendo ahora su mejor tasa desde el tercer trimestre de 2015 y observando tres trimestres con tasas cada vez más elevadas.

Ante este escenario de la economía de Estados Unidos, seguramente la FED seguirá elevando sus tasas en los próximos meses, tal vez un par de veces adicionales, pudiendo llevarlo hasta 1.50% al cierre de año. Internamente, Banxico tendría que hacer lo propio, pudiendo inclusive ampliarse el correspondiente spread. La postura más activa de Banxico no sólo se daría por este hecho, sino especialmente porque la inflación interna continúa al alza, al ubicarse en 6.17% anual en la primera quincena de mayo y con expectativas de mayores alzas en los siguientes meses, al punto de tocar en algún momento del año hasta 6.4%, para luego iniciar cierto descenso. A pesar de esta alza, la inflación en México aún está anclada y su actual nivel no representa una pérdida de control del proceso inflacionario, ya que esta alza es de naturaleza coyuntural y obedece casi exclusivamente a los efectos de los aumentos en los precios de los combustibles de principios de año.

Internamente, y siguiendo la tendencia de Estados Unidos, la economía mexicana continúa mejorando, no sólo en sus niveles de producción y ventas, sino también en los indicadores de empleo y en los mercados financieros. El PIB nacional creció 2.6% anual en el primer trimestre, una tasa aceptablemente buena, mientras que el desempleo se ubicó en 3.6%, una tasa bastante baja, pese a que observa dos ascensos consecutivos, donde vemos cierta consolidación en la generación de nuevos empleos formales. Las empresas empiezan a ver mejores expectativas económicas para éste y el próximo año, lo cual es muy positivo porque podría empezar a reflejarse en un cambio de dirección sobre sus decisiones de inversión, que hasta ahora se ha mantenido en terreno negativo. Sin embargo, prevalecen algunos factores de riesgo a tomar en cuenta: TLCAN, alzas en tasas de interés e inflación, entre otros.

En general, además de las económicas, otras dificultades y/o riesgos que hoy enfrenta el país pudieran ser de naturaleza distinta: inseguridad, elecciones, sociopolíticos, geopolíticos mundiales, entre otros. Por lo mismo, resolverlos o abordarlos pueden no ser en la coyuntura y más bien demandaría un mayor plazo por su naturaleza estructural.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.