En octubre, la inflación se ubicó en 6.37% anual, ligeramente mayor que el 6.35% de septiembre, aunque manteniéndose vigente la expectativa de que el actual ritmo tenderá a la baja, principalmente a partir de enero del año entrante. El choque de los precios de los combustibles de este año estaría ausente en 2018, por lo que es previsible que la inflación descienda hasta alrededor de 4.2% el próximo año, acercándose a la meta oficial de Banxico de mediano-largo plazo: una inflación de entre 2% y 4%. Ante este escenario de inflación a la baja, Banxico esperaría menores presiones sobre su tasa de referencia para 2018; sin embargo, dos factores que podrían alterar al mercado cambiario, e indirectamente a la tasa de interés, son la eventualidad de un fracaso en la renegociación del TLCAN y un escenario adverso en las elecciones presidenciales de julio próximo.

El repunte inflacionario de este año, que es de carácter coyuntural, no sólo ha inducido alzas en las tasas de interés, sino que ha afectado a los salarios reales y ha inducido una reducción del crédito al consumo, por lo que, una menor inflación prevista para 2018 tendría que impactar positivamente sobre estos indicadores señalados previamente. Está claro que la mejor contribución de Banxico a la economía es procurar la estabilidad de los precios. En la medida que la inflación se hace estructuralmente baja, las empresas y los inversionistas pueden planear a largo plazo, sin el riesgo de sufrir pérdidas por este factor. En el mismo sentido, los bancos pueden mantener estables sus tasas de interés, favoreciendo al consumo y a la inversión, los dos factores vitales para el crecimiento de la economía.

Por su parte, en septiembre, la producción industrial retrocedió 1.0% anual, acumulándose en los primeros tres trimestres del año una contracción de 0.4% anual. Las industrias minera, eléctrica y construcción mantienen caídas en este año, mientras que sólo las manufacturas sostienen un ritmo medianamente aceptable, con 3.6% anual en enero-septiembre. En el caso de la minería (-9.8% anual), lo más destacado es el caso de extracción de petróleo y gas, que hoy enfrenta un desplome casi sin precedentes, al retroceder 18.2% anual en septiembre y -10.2% anual en lo que va del año. Al menos desde la vista de la producción, esta industria atraviesa una clara crisis, cuya afectación se resiente sobre una industria muy relacionada: “servicios relacionados con la minería”. Ésta se contrajo 27.1% anual en lo que va de este año, lo que significa que la menor actividad de Pemex está impactando significativamente a las operaciones de sus industrias proveedoras de servicios. A pesar de ello, la cartera vencida de esta industria sigue siendo casi nula, mientras que ahora desciende el crédito.

Por su parte, las manufacturas siguen creciendo aceptablemente, recuperándose significativamente de la desaceleración del año pasado. Esta mejoría, y que ha evitado una mayor caída del sector industrial, se ha sustentado en un repunte del segmento exportador, destacando por ejemplo el caso equipo de transporte, donde se inscriben vehículos y autopartes. Sólo como referencia: la producción y exportación de vehículos del periodo enero-septiembre crecieron 10% y 12%, siendo esta industria (automotriz) la principal exportadora del país, así como el mayor generador de superávit comercial. En contraste, la industria de derivados de petróleo cayó 16.6% anual en este año, reportando cuatro años consecutivos con caídas importantes, en línea con el desplome de la industria petrolera. Asimismo, la industria textil retrocedió 13.7% en este año, reportando ésta un aumento de tres nodos en su nivel de riesgo en el último año, desde un IRR de 2 en el 2Q16 hasta 5 en el 2Q17.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.