Cuando la economía atraviesa por una expansión, las empresas suelen crecer casi de manera inercial, sin grandes esfuerzos. Pero, cuando las expectativas apuntan hacia una desaceleración, como la que ahora mismo experimentamos, esto también puede ser aprovechado por las empresas, generando estrategias de inversión y financiamiento con miras a la siguiente expansión.

Los analistas privados, Banxico y la SHCP han revisado a la baja sus expectativas de crecimiento económico para este año, coincidiendo todos en que el origen de ello es la postura negativa hacia México por parte del nuevo gobierno de Estados Unidos.

Hay consenso en que el PIB crecería alrededor de 1.5% en este año, una tasa moderada que, de concretarse, significarían dos años consecutivos con cierta desaceleración y cuyas implicaciones serían de diverso orden sobre las empresas:

  1. Significa que las empresas podrían vender menos que el año pasado y ello puede limitar sus planes de expansión futuros.
  2. Seguramente veremos una menor generación de empleos, lo cual será, a su vez, una limitante para las ventas empresariales.
  3. Puede generarse un círculo vicioso, ya que menores ventas se traducirían en menores inversiones para las empresas, con la consecuente afectación sobre la producción, y lo que de ello se deriva.
  4. Las menores ventas e inversión pueden extender el círculo vicioso limitando el crecimiento del crédito bancario, que hasta ahora ha mostrado un buen dinamismo por varios años consecutivos, mismo que también sería afectado por el actual proceso de alzas en las tasas de interés comerciales, que podrían elevarse hasta por arriba de 7% a fin de año.

Por su parte, la inflación esperada romperá este año el límite superior de 4%fijado como objetivo por Banxico a mediano plazo, aunque esta desviación sería sólo de carácter temporal y atribuida exclusivamente al aumento de los precios de los combustibles de principios de año, por lo que el próximo año podríamos ver nuevamente descensos de la inflación. Es claro que la mayor inflación ya está afectando la capacidad adquisitiva de los consumidores, siendo éste otro factor que afectaría al gasto en consumo y en consecuencia, a la actividad económica. Este “bache” de la economía es coyuntural y debe durar sólo este año, esperando mejores números a partir del próximo año, por lo cual las empresas deben preparase para un nuevo ciclo expansivo, donde veremos un mayor crecimiento económico, una mayor generación de empleos, recuperación de los salarios reales, mayor consumo privado, mayores exportaciones y, al final del día, mayores ventas para las empresas. Es decir, eventualmente, las expectativas económicas empezarán a cambiar de dirección, así como el sentimiento de los consumidores y las empresas sobre el futuro de la economía y de sí mismos, como siempre ha ocurrido después de cada desaceleración económica.

En consecuencia, en la coyuntura actual, cuando las tasas de interés comerciales aún no se han elevado significativamente, las empresas pueden apalancarse para realizar inversiones con miras a la futura recuperación de la actividad económica, lo que significa adelantarse un tanto al futuro ciclo de la economía. Esto último es muy vigente, en condiciones en que las reformas estructurales implementadas en los años anteriores están entrando a su fase de maduración y ya empiezan a verse algunos resultados iniciales, especialmente en los relacionados con la energética, cuyas inversiones empezarán a dar frutos en muy pocos años.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.