Las finanzas públicas, que representa el balance entre los ingresos y gastos totales del sector público, es un elemento importante para que las agencias calificadoras (S&P, Moody’s y Fitch) evalúen la calidad de la deuda pública del país, ya que un deterioro de dichas finanzas puede representar una menor capacidad de pago y el riesgo de no cumplir con sus compromisos financieros. En el mismo sentido, un exceso de deuda pública puede generar un problema de incumplimiento para el gobierno, con la consecuente pérdida de confianza por parte de los inversionistas.

En la medida que el gobierno retome el control del déficit fiscal y de la deuda pública, las agencias calificadoras no tendrían elementos, al menos en el corto plazo, para castigar la calificación de la deuda soberana de México. El año pasado las agencias revisaron la perspectiva de la calificación, de “estable” a “negativa”. Ello, a consecuencia de un fuerte deterioro de las finanzas públicas y una persistente elevación de la deuda pública como proporción del PIB.

Sin embargo, por segundo año consecutivo, en 2017 podríamos ver una reducción del déficit fiscal, desde 3.5% del PIB en 2015 -su máximo desde 1989- hasta 2.0% estimado para este año, aunque ambas mejoras se explican por los recursos canalizados desde Banxico hacia la SHCP en 2016 y 2017, producto de las ganancias cambiarias derivadas de la depreciación del Peso mexicano en 2015 y 2016. Por ejemplo, en este mes, la SHCP recibirá estos remantes por un monto de más de 321 mil millones de pesos, equivalente a casi 1.5% del PIB, de los cuales 70% se canalizarán a amortizar parte de la deuda pública.

Por su parte, la deuda pública parece que también está siendo controlada. Aunque en este año, la deuda pública bruta podría promediar casi 48% del PIB, veríamos un cambio de dirección desde un máximo estimado de 49.2% del PIB para el primer trimestre hasta 47% en el cuarto trimestre. De esta manera, se lograría revertir la tendencia ascendente observada a lo largo de este sexenio en materia de deuda, al aumentar 14 puntos del PIB entre 2012 y 2017.

En la coyuntura actual, parece que se va controlando el tema del déficit fiscal y, en menor medida el de la deuda pública. Sin embargo, el déficit fiscal podría volver a elevarse en 2018, ello por dos razones:

  1. No tendremos los recursos producto de los remanentes de Banxico, ya que el tipo de cambio sólo se depreciaría por arriba de 6% en 2018, muy distante del 19% y 18% de 2015 y 2016.
  2. Estamos ingresando a un año electoral y difícilmente el gobierno hará el esfuerzo suficiente para contener el gasto público (ciclo político de la economía y el gasto).

Por ello, es posible que el déficit fiscal de 2018 se eleve hasta 2.4% del PIB, siendo en realidad una tasa aún moderada que no pondría en riesgo la calificación de la deuda. Sin embargo, las alzas en las tasas de interés internas y externas presionan a la deuda pública.

Para que la economía mexicana se mantenga sana se requiere que sus principales fundamentos estén en orden. Uno de ellos es que el déficit fiscal no supere 3% del PIB y que la deuda pública no sobrepase el 50% del PIB.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.