La política monetaria es el instrumento que el Banco de México utiliza para incidir sobre la inflación, e indirectamente, sobre la economía general.

Banxico mueve las tasas de interés, no sólo en función del nivel de la inflación, sino también en respuesta a las condiciones de las tasas internacionales, en este caso el de la FED.

Hoy, Banxico enfrenta dos presiones: internamente, la alta inflación y, desde el exterior, una nueva fase de alzas previstas en las tasas de la FED. Por lo pronto, Banxico decidió elevar en 25 pb su tasa de referencia, de 7.00% a 7.25%, siguiendo a la subida de la tasa de la FED (también de 25 pb). El principal argumento que esgrime Banxico es que la inflación de noviembre se elevó hasta 6.63%, desde 6.35% en septiembre, contrario a la baja que se esperaba desde su máximo de 6.66% observado en agosto.

Asimismo, Banxico piensa que la inflación cerrará el año por arriba del registro de noviembre, afectada , en parte, por los posibles impactos del aumento al salario mínimo, vigente desde principios de diciembre. El alza en tasas se da, según Banxico, pese a que la actividad económica interna observó en el tercer trimestre una caída en el margen (en el trimestre) y una desaceleración en su ritmo anual, además de que el tipo de cambio se depreció recientemente. Al margen de que la razón de peso para subir la tasa haya sido el que la inflación no descendió como se esperaba, esta subida pudiera tener efectos adicionales sobre una economía que ya ha resentido los efectos de una política monetaria algo restrictiva: actividad económica, crédito, consumo, ventas, inversión, entre otros.

En lo que viene, pensamos que la inflación debe bajar a partir de enero. Primero, esta vez no enfrentaremos un “gasolinazo” como el que experimentamos en enero de 2017, lo que ayudará por efecto estadístico a bajar la inflación, especialmente de la no subyacente; segundo, el aumento al salario mínimo se adelantó para diciembre, por lo que el “costo” sería absorbido durante este mes, liberándose la inflación de enero de esta presión. En condiciones normales, si la inflación desciende rápido en el primer semestre de 2018 y el entorno externo y el político interno no generan gran incertidumbre y presiones cambiarias, la tasa Banxico tendría que mantenerse constante en el semestre, ello a pesar de que la FED pudiera elevar su tasa a lo largo de 2018. Sólo si la inflación observara una fuerte resistencia a la baja, entonces Banxico podría inclusive seguir subiendo sus tasas, lo que sería un escenario muy adverso para la economía interna. México ha sido el país que más ha elevado sus tasas en 2016–2017, por lo que el actual nivel representa un dilema para la política económica: subirlo puede ayudar a bajar la inflación, pero puede ocasionar una baja en el ritmo de crecimiento económico con la consiguiente menor generación de empleos.

Mientras esto ocurre internamente, en Estados Unidos la economía parece consolidar su tendencia ascendente. En efecto, la producción industrial de ese país creció 3.4% anual en noviembre, superando las previsiones del mercado y reportando su mejor desempeño desde mediados de 2014, con lo cual el PIB crecería alrededor de 2.1% en este año vs 1.5% en 2016, y con expectativas de crecer 2.4% o más el año entrante. Adicionalmente, la economía de EU podría recibir un impulso en 2018–2019 por el plan fiscal de reducción del impuesto corporativo, de 35% a 20%. Obviamente, una mejoría de la economía norteamericana favorece a nuestro sector manufacturero, que ahora mismo crece a tasas aún aceptables, aunque con cierta moderación.

En la medida que la economía de Estados Unidos se robustece, hay más elementos para asegurar que las tasas de la FED subirán entre uno y dos puntos porcentuales en los próximos dos años, lo que generará presiones para las tasas de interés internas. Nuevamente estaremos ante un escenario complejo para Banxico: seguir subiendo o no las tasas domésticas.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.