Una buena noticia: la inflación de septiembre fue de 6.35% anual, por debajo del máximo relativo de 6.66% de agosto, un descenso importante para un mes.

Tal como lo anticipamos, y coincidiendo en general con Banxico y el mercado, la inflación llegaría a su máximo en agosto-septiembre, por lo que, al parecer, inicia el descenso tan esperado, ya que sus efectos ya se habían hecho sentir en otras áreas de la economía: salarios reales, crédito, tasas de interés, consumo privado, ventas, entre otros. El descenso de la inflación de septiembre se explica, en parte, por un menor incremento en los precios del segmento de frutas y verduras, mientras que en los demás segmentos generales los descensos han sido marginales.

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Dos cosas importantes destacan de esta baja de la inflación. Primero, de los 79 productos genéricos que conforman el INPC, en 61 de ellos (77%) se reportan aumentos en sus precios superiores al 4% anual (el “techo “de Banxico), cuando en julio esa cifra era de 67 (85% del total), lo que indicaría que este proceso de desinflación que empezamos a ver podría profundizarse con el paso de los meses y hacerse generalizado antes de un año. Solo como referencia: en diciembre de 2016, sólo 47% de los productos aumentaban sus precios más de 4%. Segundo, y tal vez más importante, con seguridad, Banxico tendrá que dejar sin cambios su actual tasa de interés de 7.00% hasta entrado 2018; inclusive, podría reducirlo hasta 6.50% hacia fines del año entrante (los analistas del mercado también estiman que así será). Aunque la FED aumentaría su tasa un punto porcentual en 2018, éste será gradual, quedando, a pesar de ello, margen para que Banxico baje su tasa, lo que significaría ayudar a evitar que la economía se desacelere, particularmente el consumo privado. Reducir la inflación y la tasa de referencia significa también que los bancos pueden reducir el costo financiero para las empresas, lo que ayudaría a dinamizar el crédito y la inversión, dos factores vitales para el crecimiento de la economía.

Ante el buen resultado de septiembre, revisamos a la baja nuestra expectativa de inflación para este cierre de año, misma que podría estar por debajo de 6.2%, y mantenemos nuestra estimación en 4.2% para 2018, acercándose rápidamente a la meta de Banxico: entre 2% y 4% a mediano-largo plazo. En los próximos meses habrán dos elementos que ayudarán a bajar la inflación: la apreciación del tipo de cambio (7.1% anual en septiembre) y el menor ritmo de los precios del productor (4.1% anual en septiembre vs 8.4% en enero); sin embargo, durante 2018, en pleno fervor electoral, seguramente veremos presiones cambiarias que podrían limitar un tanto este proceso de desinflación. A no ser que en el futuro se presentan factores externos o choques internos similares al aumento de los precios de los combustibles de principios de este año, México debe retornar a la gran estabilidad de precios que vivió durante la última década.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.