La economía mexicana atraviesa un momento crucial. La próxima definición del TLCAN y el pronto inicio de la lucha política por la presidencia de la república, donde en ambos casos se enfrentan riesgos, marcarán definitivamente el futuro de la economía mexicana.

Pocas veces en la historia económica reciente del país hemos estado, simultáneamente, ante la presencia de dos eventos que podrían derivar en cambios significativos para la economía. Sin embargo, y lo hemos señalado antes, un activo del país es la fortaleza de sus economía, que podría amortiguar posibles escenarios adversos. Mientras tanto, los mercados financieros resienten la incertidumbre que vive el país, aunque la economía interna muestra signos de avance.

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Mercados financieros. En esta semana, los mercados financieros han seguido presionados, respondiendo claramente a la incertidumbre que reina en torno a la renegociación del TLCAN. En un intento por contener la depreciación de la moneda nacional, que se elevó hasta 19.25 pesos por dólar en días recientes (el interbancario), el Banco de México amplió en cuatro mil millones de dólares su programa de coberturas cambiarias, logrando momentáneamente moderar la volatilidad. Pero, de nueva cuenta, la cotización se elevó ayer jueves hasta niveles de casi 19.30 pesos, cotizándose en este momento en 19.15 pesos. En lo que va de octubre, el Peso se ha depreciado 5.2%, a pesar del cual, se mantiene una apreciación de casi 8% en lo que va del año. Por su parte, el mercado accionario mantiene cierta tendencia a la baja, al cotizarse hoy en 48,987 puntos, una caída de más de 5% desde su máximo histórico de la última semana de julio, contrario a los sucesivos máximos del Dow Jones, que ahora se ubica en 23,440 puntos, ganando casi 19% en lo que va del año.

Sin embargo, el riesgo país de México se mantiene relativamente estable, ahora alrededor de los 180 puntos base, mientras que los precios de la mezcla de exportación lograron nuevamente superar los 50 dólares por barril, sosteniendo una leve tendencia alcista. Debemos señalar que, en el Congreso de la Unión, se amplió ligeramente la estimación con fines presupuestarios del precio de la mezcla para el próximo año, a 48.50 dpb (en la versión original era de 46 dpb), además de que elevaron la estimación del tipo de cambio, de 18.10 a 18.40 pesos, buscando con ello generar recursos con fines de la reconstrucción a causa de los sismos de septiembre.

Economía nacional. Internamente, en agosto, la economía reportó un crecimiento de 2.2% anual, promediando en los primeros ocho meses del año un avance similar (2.2% anual). En lo que va del año, el comportamiento de la economía es bastante diferenciado, con un avance de 2.4% anual del sector agropecuario, una leve caída de 0.3% del sector industrial, mientras que los servicios, que representan casi dos tercios de la economía, avanzan a una tasa relativamente robusta de 3.6%, siendo éste el sostén del crecimiento económico. Así las cosas, la economía mexicana lograría crecer alrededor de 2.3% en este año, similar al de 2016 y con el cual el promedio de los primeros cinco años de la actual administración sería de 2.2% anual. El avance de este año no es malo, considerando el ambiente externo desfavorable que hemos vivido: la llegada de Donald Trump a la presidencia de EU y un escenario aún incierto sobre la renegociación del TLCAN, cuyos resultados más visibles se darán en el primer trimestre del próximo año. Mientras tanto, predomina cierta incertidumbre, misma que ya se refleja en el mercado cambiario. Para el próximo año, mantenemos nuestra estimación de crecimiento, de 2.5%.

Por su parte, y en sentido positivo, las exportaciones aún sostienen un ritmo de crecimiento elevado, al crecer 7.2% anual en el tercer trimestre del año. Sin embargo, se aprecia cierta moderación, hacia un estimado de 6% anual para el cuarto trimestre, con el cual, durante este año veríamos un avance exportador de 8.4%. Esta cifra representaría la tasa más elevada desde el 17.1% de 2011, dejando atrás las dos caídas observadas en 2015 y 2016, lo cual es muy destacable en las actuales condiciones del ambiente externo. Este año se lograrían exportar alrededor de 405 mil millones de dólares, lo que representaría un nuevo máximo histórico para México, destacando de manera especial el hecho de que casi 90% de estas exportaciones son en manufacturas (crecerían 7.6% en este año). Las manufacturas sostienen no sólo a nuestro sector exportador, sino también han evitado que el sector industrial interno haya caída en una fuerte recesión, al estimarse un crecimiento de 3.2% para este año.

Finalmente, esta mañana se dio a conocer que el PIB de Estados Unidos creció 2.3% anual en el tercer trimestre, su mejor desempeño en ocho trimestres y el quinto trimestre consecutivo con tasas ascendentes. El PIB creció por arriba de las previsiones y los mercados responden positivamente: alzas en el Dow Jones (en máximos históricos), gana el dólar (se aprecia), alzas en los precios del petróleo y baja la tasa de interés a 10 años. El resultado del PIB de ese país es positivo para México.

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Dos cosas importantes destacan de esta baja de la inflación. Primero, de los 79 productos genéricos que conforman el INPC, en 61 de ellos (77%) se reportan aumentos en sus precios superiores al 4% anual (el “techo “de Banxico), cuando en julio esa cifra era de 67 (85% del total), lo que indicaría que este proceso de desinflación que empezamos a ver podría profundizarse con el paso de los meses y hacerse generalizado antes de un año. Solo como referencia: en diciembre de 2016, sólo 47% de los productos aumentaban sus precios más de 4%. Segundo, y tal vez más importante, con seguridad, Banxico tendrá que dejar sin cambios su actual tasa de interés de 7.00% hasta entrado 2018; inclusive, podría reducirlo hasta 6.50% hacia fines del año entrante (los analistas del mercado también estiman que así será). Aunque la FED aumentaría su tasa un punto porcentual en 2018, éste será gradual, quedando, a pesar de ello, margen para que Banxico baje su tasa, lo que significaría ayudar a evitar que la economía se desacelere, particularmente el consumo privado. Reducir la inflación y la tasa de referencia significa también que los bancos pueden reducir el costo financiero para las empresas, lo que ayudaría a dinamizar el crédito y la inversión, dos factores vitales para el crecimiento de la economía.

Ante el buen resultado de septiembre, revisamos a la baja nuestra expectativa de inflación para este cierre de año, misma que podría estar por debajo de 6.2%, y mantenemos nuestra estimación en 4.2% para 2018, acercándose rápidamente a la meta de Banxico: entre 2% y 4% a mediano-largo plazo. En los próximos meses habrán dos elementos que ayudarán a bajar la inflación: la apreciación del tipo de cambio (7.1% anual en septiembre) y el menor ritmo de los precios del productor (4.1% anual en septiembre vs 8.4% en enero); sin embargo, durante 2018, en pleno fervor electoral, seguramente veremos presiones cambiarias que podrían limitar un tanto este proceso de desinflación. A no ser que en el futuro se presentan factores externos o choques internos similares al aumento de los precios de los combustibles de principios de este año, México debe retornar a la gran estabilidad de precios que vivió durante la última década.

John Soldevilla|Chief Economist, Engenium Capital

John Soldevilla

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.